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La Apitoxina

El veneno de abeja, también conocido como apitoxina, es producido por dos glándulas de secreción, una ácida y otra alcalina, situadas en el interior del abdomen de la abeja obrera. Para inocularlo disponen de un aguijón formado por un estilete dentado que penetra la piel y un saquito que está unido ligeramente al abdomen para que, al picar la abeja y quedar la punta del aguijón anclada en piel, pueda desprenderse fácilmente. En los segundos siguientes, el saquito seguirá pulsando y descargando la carga de veneno a través del estilete, 0,3 mg. en total por picadura. La abeja, por su parte, perderá la vida al cabo de una hora aproximadamente.

El veneno de abeja es un líquido transparente, denso, con un olor a miel acentuado y sabor agrio y, al igual que el veneno de serpiente, carece de efectos si se toma por vía oral siempre que no se tengan heridas en el recorrido hacia el estómago.

La apitoxina es una mezcla compleja de enzimas, péptidos y aminoácidos, conteniendo también, en pequeñas cantidades, carbohidratos y lípidos. La melitina constituye el 50% de su peso en seco y es la que produce la mayor parte de la toxicidad general y local. Los archivos de la American Apitherapy Society indican que hay evidencias de los efectos que la melitina y otros péptidos producen en el cuerpo humano como reducir la tensión arterial y bloquear los impulsos nerviosos: el veneno, defensa natural de las abejas, se ha ido perfeccionando a lo largo de los siglos para actuar sobre los sistemas más importantes y comprometidos del organismo: el nervioso y el vascular. Por otro lado, el organismo de los mamíferos se vio obligado a adaptarse al veneno, poniendo en marcha todos los mecanismos de defensa posible para neutralizar el efecto tóxico.

La American Apitherapy Society reporta como esta resistencia del organismo puede ser efectiva en diversos trastornos patológicos provocados por diversos agentes:
  • Distintas investigaciones farmacológicas demuestran que la apitoxina contiene componentes que presentan cualidades semejantes a los antiinflamatorios esteroideos y no esteroideos. El efecto antiinflamatorio esteroideo se produce por la estimulación del sistema hipófiso-suprarrenal, acompañado de una precipitación de corticoides en la sangre, producidos por el propio organismo.
  • El veneno de abeja tiene una acción sobre los impulsos nerviosos eléctricos, interrumpiéndolos total o parcialmente, tanto en la transmisión sináptica periférica como en la de los ganglios del sistema vegetativo. En investigaciones clínicas y experimentales se ha podido comprobar su efecto analgésico; comparado con analgésicos semejantes al ácido acetilsalicílico, el veneno es mucho más activo, transmitiendo su efectividad analgésica por vía periférica y no de forma narcotizante.
  • En dosis reducidas la apitoxina tiene un efecto sedante que se puede atribuir a la acción relajante sobre la musculatura lisa de las paredes de los vasos, aunque en dosis altas su efecto es el contrario. Dilata los vasos capilares, acelerando e intensificando la circulación. Tiene cualidades anticoagulantes y fuertes efectos hemorrágicos.
  • En el cuerpo humano no se forman anticuerpos contra el veneno de abejas y por ello el organismo no se acostumbra al mismo; las dosis repetidas son cada vez más efectivas.

Contraindicaciones

El contacto con apitoxina es totalmente contraproducente en los siguientes casos: hipersensibilidad (alergia al veneno), diabetes, enfermedades infecciosas agudas, tuberculosis, enfermedades psíquicas, enfermedades del hígado y las glándulas suprarrenales en la fase de agudización, nefritis y otras enfermedades renales, enfermedades de la corteza renal, procesos purulentos y supurantes agudos, sífilis, gonorrea, anemia, trastornos hematológicos con disposición hacia anemia o hemorragia, agotamiento general del organismo, úlcera gástrica y duodenal con tendencia a hemorragias, en períodos pre- y postoperatorio, neoplasias (tumores malignos), período menstrual reciente, embarazo (primeros meses), cardiopatías, insuficiencia cardíaca de segundo y tercer grado, enfermedades orgánicas del sistema nervioso central y afecciones del sistema circulatorio. Tampoco en personas con temperatura corporal elevada, astenia por insomnio o insuficiencia cardiorrenal. También puede estar contraindicado en fases agudas de artritis reumatoide y poliartritis reumática o en enfermedades de cálculos biliares y renales.


Toxicidad y reacciones de hipersensibilidad

En condiciones normales, unas dosis adecuadas de apitoxina no tienen efectos secundarios y no daña órganos o sistemas, pero algunas personas presentan hipersensibilidad frente a ella. Esta puede ser genética o adquirida, y se manifiesta en reacciones alérgicas con una sola picadura. La reacción general se manifiesta como opresión torácica, fuertes dolores de cabeza, inflamación de las mucosas, prurito y urticaria generalizados, espasmos de la musculatura lisa, náuseas y vómitos, disminución abrupta de la presión arterial, debilidad cardiaca, desvanecimientos, etc.

En todos los casos de reacciones alérgicas se aplican antihistamínicos pero, en las reacciones graves es indispensable la administración inmediata de inyectables.

Advertencia muy importante: el veneno de abeja puede producir reacciones alérgicas que pueden llegar a ser mortales, de no ser tratadas a tiempo. Por ello, la información aquí contenida solo tiene fines educativos y nunca debe ser interpretada o usada para auto diagnosis o auto terapia. Siempre debe ser practicada por un médico o un apiterapeuta cualificado y es imprescindible una prueba de alergia previa a la utilización del veneno de abeja.


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Notas tomadas de diversas fuentes:
"Apiterapia para todos" Dr. Moisés Asís
Curso de Apiterapia del Dr. Stefan Stangaciu,
American Apitherapy Society


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